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Septiembre / Octubre 2008    
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LOS MÁS EMPOBRECIDOS SERÁN LOS PRIMEROS
José Artigas, Manuel Belgrano, Miguel Güemes Reforma Urbana y Bicentenario de la Revolución de Mayo
Tres cosas, por lo menos, son parecidas en Artigas, Belgrano y Güemes. Eran hombres del pueblo, eran revolucionarios consecuentes, eran partidarios del reparto de tierras para beneficiar a los más pobres.
Eran hombres del pueblo. Aunque los t res pertenecían a familias acomodadas, los tres encarnaron las ideas revolucionarias y fueron amados por la gente más humilde. Se entreveraron con los pobres y los indios sin ningún problema, aun cuando eso les valió el odio de las clases principales. ''Como jefes, como cabezas y autoridades, son obra del pueblo, su personificación más espontánea y genuina. Sin más títulos que ese, sin finanzas, sin recursos, ellos han arrastrado o guiado al pueblo con más poder que los gobiernos. Aparecen con la revolución: son sus primeros soldados'', escribe Juan Bautista Alberdi, hablando de los caudillos como Artigas, López, Güemes, Quiroga, Rosas o el Chacho Peñaloza. Considerados bárbaros y bandidos por su acercamiento a las clases populares, en realidad son la democracia, la expresión del pueblo. Mirarlos de cerca es mirar lo más popular de la Revolución de Mayo. Tienen nombre y apellido pero hay que ver en ellos al pueblo multitudinario que los sostenía.
Un español científico, Félix de Azara, en su libro ''Memoria sobre el Estado Rural del Río de la Plata'', proponía en 1802 adjudicar tierras realengas y ganados reyunos a los indios y a los paisanos que quisieran trabajar la tierra, porque resultaba insoportable la injusticia que existía en el reparto de tierras. José Artigas, que se había hecho gaucho con los gauchos en la campaña de la Banda oriental, extendió esa idea y la propuso como medida revolucionaria. Se trataba de quitar la tierra a los latifundistas y darla a los campesinos, sobre todo a los más pobres: ''los más infelices serán los primeros''. Al mismo tiempo, Manuel Belgrano viajaba a los Treinta Pueblos de las Misiones. En este viaje al norte litoraleño, Belgrano constata la situación de esclavitud en que se encontraba la gente, sobre todo los indios. En 1811 redacta un Reglamento donde castiga la esclavitud, propone penas severas para los que explotan a los trabajadores de la yerba, establece escuelas gratuitas, fomenta el comercio de los productos de las comunidades, afirma la total igualdad entre criollos e indios. Propone que se confisquen los bienes de los que explotan a los indios y que con esos bienes se paguen las escuelas. Con respecto a la tierra, el Reglamento propone que se repartan tierras entre los naturales, gratuitamente, y que además se los provea de semillas y elementos de labranza para poder trabajar esa tierra.
Güemes también repartía tierras en Salta. Era fiel representante de las masas que habían sido olvidadas a la hora de los grandes repartos. Además, era justo que entregara tierra a los que entregaban sus vidas por mantener a raya a los ejércitos realistas. Con sólo mentar a este trío de representantes populares, queda claro que hubo una Revolución de Mayo con una inmensa base popular. Después, la Revolución de los comerciantes logró ir cercenando algunas de las conquistas populares, Pero lo que Mayo no hizo, deberá hacerse ahora. Durante toda la historia argentina, cada vez que vuelve el pueblo vuelve también una c o n s i g n a r e v o l u c i o n a r i o básica: tierra y vivienda para todos.
EL PECADO ORIGINAL: EL GALLINERO DE PALO
Reforma Urbana y Bicentenario de la Revolución de Mayo
Los indios fueron combatidos. Los negros llegaban esclavos. Los gauchos no pudieron reservarse un terreno. Son los tatarabuelos de la lucha por la tierra en estos pagos.¿En qué se notaba que alguien era revolucionario en los tiempos de Mayo del 10? En varias cosas, pero sobre todo en dos: la una, que no discriminaba a los ''americanos'' ni los ''naturales'', sino que sostenía la igualdad entre todos los hombres. Justamente, la Revolución vino a poner ''en trono a la noble igualdad''. La segunda característica del revolucionario era nada más que consecuencia: si todos somos iguales, hay que repartir las tierras.¿En qué se notaba que alguien era realista? En que hacia escalas de gente. No todos eran iguales, no todos valían lo mismo. El rey estaba lo más alto, y un poco más abajo estaban los nobles y los hidalgos, y un poco más abajo estaban los vecinos decentes y principales, y después venía la gente común y finalmente venían los naturales o aborígenes.Los negros esclavos eran mercadería. Un perfecto gallinero de palo, donde se arrojaba desprecio a los del palo de abajo. En consecuencia, los repartos de cualquier cosa eran muy desiguales. Sobre todo los repartos de tierras. Las tierras eran '' realengas''. Los caminos eran ''reales''. Las leyes eran ''regias''. El ganado era ''reyuno''. Todo, entonces, era del rey. Y el rey lo concedía a las personas más importantes. Y si se lo daba a algún pobre, él mismo se desprestigiaba.
Ya en el origen de la ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires se notó la ausencia de igualdad. En la segunda fundación, Juan de Garay diseñó una ciudad de 250 manzanas. Cada poblador agarraba un cuarto de manzana, una huerta y una estancia de una legua de fondo. Más tarde, si los primitivos dueños abandonaban una propiedad, las autoridades beneficiaban con ellas a sus amigos y partidarios. Entretanto, las Leyes de Indias ordenaban la siguiente escala: cada colono conquistador debía recibir tierras, pero según su condición social. A la gente inferior, los peones, se les daba un terrenito que se llamaba peonía. A los oficiales y personas de ''buena cuna'', se les daba una ''caballería'', que era, por lo menos, cinco veces más grande que la peonía. Todas estas disposiciones se hacían sobre tierras marcadas por la violencia, porque eran tierras arrebatadas por la espada al aborigen, su dueño primero. Las obligaciones del terrateniente eran poner casa, labrar la tierra, criar ganado. Esas tareas resultaban más fáciles para la gente con recursos. Entonces, bien pronto sucedió que los ricos se hacían más poderosos y los pobres perdían lo poco que tenían. Algunos de estos, medio desesperados, se iban a las fronteras. Allí se conseguían algunas tierras, si los indios los dejaban. Pero cuando lograban afirmarse aparecía algún poderoso que compraba esa tierra por nada, porque el ocupante era ilegal y la tierra era realenga. En 1735, para colmo, hubo que pedir a Madrid cualquier título de tierra. Con eso, los pobres quedaban absolutamente afuera. Es decir: con cada nueva disposición, los ricos coleccionaban inmensidades de tierra y los pobres estaban cada vez más lejos de una parcela.
A raíz de este desarreglo original, apareció en nuestra tierra un tipo de persona que nunca tuvo tierra, ni para sí ni para sus descendientes. Se lo llamó gaucho. Junto con el indio y el negro, vivió siempre privado de acceso a la tierra. Los tres fueron los protagonistas de la Revolución de Mayo más popular. Sus tataranietos, hoy, repiten el viejo gesto revolucionario y justiciero: reclamar la porción de tierra que se merecen en el campo y en la ciudad.